Las notas salían discordantes y estridentes del viejo piano pero el público parecía no percatarse de ello; estaban todos encantados. Es más, al final aplaudieron enfervorizados. Sólo el intérprete ya convertido en esclavo del instrumento percibía aquel sonido insoportable y real con el que su antiguo dueño, desde el otro lado, le maldecía.
Advertisement