Detective de barrio

Detective de barrio

Paseando por mi barrio puedes ver una casa de dos plantas, ya un poco antigua, destartalada y desmejorada, en la que luce todavía un cartel luminoso que no funciona, con una lupa de ésas, detectivescas, a lo Sherlock Holmes. Se trata de una agencia de detectives. Sí, amigos, aunque parezca extraño en nuestra Sevilla y lo asociemos al mundo anglosajón y a las series tipo Remington Steel o Colombo, existe, antes incluso de yo nacer y, es más, sobrevive al paso del tiempo, por lo que no deben de faltar trabajo y casos que resolver.

Yo me paro a pensar y es entonces cuando mi imaginación despega dándole forma a este detective sevillano, en su jornada de trabajo que comienza, digamos, en torno a una mesa de escritorio, en una habitación de esa vieja casa, acondicionada como despacho. Hay un amplio ventanal por donde entra la claridad de la mañana, y repisas llenas de libros y archivos, con bastante polvo. En la mesa donde se amontonan expedientes de casos sin resolver aún, los periodicos de hoy y de anteayer, nos encontramos a nuestro protagonista que habla por teléfono con un cliente, dándole caladas a su cigarro mientras el café humeante va enfriándose… El motivo de esa llamada quizá tenga que ver con un nuevo caso, alguien, una misteriosa mujer de familia de buen nombre y acomodada que quiere contratarle para vigilar a su cónyuge, debido a ligeras sospechas de infidelidad.

Y claro, ¿cuál puede ser la metodología de trabajo de nuestro detective?, pongámonos por ejemplo en la investigación de un supuesto caso de infidelidad en una ciudad como Sevilla:

El primer paso sería encontrar el objeto de nuestra investigación, o sea el hombre a investigar, para lo cual el cliente debe de haber dado una dirección e indicaciones de por donde suele moverse la persona en cuestión, tarea no muy complicada ésa de realizar, en una ciudad mediana como ésta y para un investigador ya curtido en experiencias similares. Una parte muy importante de la investigación, sin embargo, y también la que mas tiempo durará, será esta parte de seguimiento, de la que a partir de ahora llamaremos la presa.

El aspecto que gastará nuestro protagonista, no tendrá que ver con llevar una gabardina, puesto que todos sabemos que en determinadas fechas en Sevilla sería cosa de suicidio, dejemos eso para los ingleses. Por supuesto, también nos alejaríamos definitivamente del estereotipo, eliminando por un lado la lupa y, por otro, ciertas actitudes detectivescas como la tendencia a inclinar la cabeza a un lado, tocarse el mentón y ya no sólo el pronunciar, si no el llegar a pensar esa frase manida de “elemental, querido…”, ya que no pegaría para un investigador de apellido español.

Ni que decir tiene que nuestro detective hará uso de las tecnologías digitales para su investigación, la primera de ellas, de cajón: cámara fotográfica profesional digital de no sé cuantos pixeles de resolución para enmarcar e inmortalizar a su presa en pleno acto de infidelidad. Aparte, una herramienta importante será el vehículo, ya sea coche o motocicleta, para seguir si es necesario a la presa por entre las avenidas, calles y desvíos de nuestra ciudad, tarea difícil y complicada en una ciudad que se ve superada por su tráfico, sus obras y sentidos únicos.

Una vez localizada la presa y conociendo sus costumbres, después de esa etapa de seguimiento, quedaría lo más complicado, es decir, conseguir pruebas para esa esposa despechada. Esto ya entra en una fase comprometida, pues supone el contacto casi directo con la presa en la consumación del acto de infidelidad, aparte de suponer la identificación del causante del adulterio. El detective debe de pasar completamente desapercibido mientras sigue a la pareja en cuestión por las calles del centro, mientras toman café o tapas por los bares de la ciudad, o se dirigen a su nido de amor. Es por esto que el detective debe tener una característica clave, y es saber actuar de incógnito, para lo cual, su aspecto físico debe cambiar en cada una de las situaciones mencionadas para pasar desapercibido completamente e incluso distinguirse de esos paparazzis que persiguen famosos, cual camaleón en peligro de extinción, no descartando recurrir al maquillaje y disfraz si fuera necesario. Esta fase es crucial y el éxito de la misión dependerá en gran parte de esta característica.

Descritos ya los elementos críticos de la investigación y suponiendo que hay éxito, el último paso sería la comunicación a nuestro cliente, al cual se le entregarán las evidencias de la investigación. En este caso, al tratarse de alguien importante del que apenas se conocen datos y que prefiere quedarse en el anonimato, la entrega de las fotografías se harían por medio de intermediarios que se pasarían por la oficina o bien por envío postal a una dirección indicada por el cliente. De lo que no me cabe la menor duda es de que la suma de dinero por el trabajo en este caso debe de ser suculenta y un buen negocio para mantenerse en la brecha tantos años, en un oficio tan peculiar como éste.

Tras este breve tiempo de reflexión sobre la vida y trabajo del detective made in Seville, sólo me quedaba ver su aspecto real, y por mera casualidad, estando en un bar de mi barrio, mi padre saludó a una persona, de aspecto de lo más normal, a la que sinceramente no había visto en todo el tiempo que llevo viviendo aquí. Al preguntarle a mi padre quién era esa persona, éste me respondió que el de la agencia de detectives del barrio, y es que al parecer mi padre lo conocía desde hace bastante, sobre todo a su hermano, que vendía cupones por esta zona.

Y es que una vez contado ya todo esto, sólo me quedó la breve intriga de por qué no había visto yo a esa persona antes cuando la agencia está a escasos 150 metros de mi casa. ¿Quién sabe? Quizá sea debido a su habilidad de pasar desapercibido o a su aspecto cambiante que he supuesto yo más arriba pero el caso es que desde ese momento cuando paso por la casa, no puedo dejar de pensar qué nuevo caso estará investigando, éste, el detective de mi barrio.

Escrito en el año 2007

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